
El tercer pilar del islam es el ayuno. El ayuno es una práctica común a todas las tradiciones, una forma de adoración universal. La privación voluntaria es una decisión espiritual que equilibra el exceso, compensando el debilitamiento que al ser humano le producen la repetición, la rutina y los automatismos. El ayuno ayuda al ser humano a romper los hábitos que embotan su vida y le adormecen hasta hacerle olvidar lo Real.
El ayuno purifica al corazón humano de las constricciones a que se ve sometido por la existencia, de las prosternaciones mas o menos conscientes que hace a los ídolos. Esta privación le libera de todos los movimientos y pensamientos que no están conscientemente dirigidos a encontrar a Dios. Para eso El ha prescrito al ser humano el ayuno, como Misericordia, para que incremente su conciencia de Él (taqua), su amor por Él, para tenerle más cerca proclamando la unicidad (tawhid).
Es el único acto de adoracion que el creyente (múmin) hace para Dios solo, ofrendándole su yo, su sí mismo. Por eso, quien no puede sacrificar un animal durante la peregrinación (hayy) debe ayunar diez días. El ayuno del musulmán tiene lugar en el marco de la relación personal con su Señor (Rabb) porque implica una merma de su personalidad, de su yo (nafs), un abandono de sí mismo y un reconocimiento de aquiello que le sustenta en la vida, en la Realidad.