
Tal «enorme revuelo» informativo, según ella, lo provoca «el simple hecho de ser mujer y dirigir un centro religioso, lo que demuestra el gran desconocimiento que existe sobre el islam », dice a SÍcon una sonrisa.
Sánchez aprovecha la oportunidad de expresión que ahora le brindan los medios para «pedirles que rompan con la imagen estereotipada y radical del mundo musulmán que, no siempre intencionadamente, transmiten a la opinión pública», aunque reconoce que conseguirlo no es tarea fácil y requiere de un cambio social «profundo, sólo posible a través de un adecuado tratamiento informativo y buenas campañas de sensibilización».
«Extraña que una mujer pueda tomar decisiones en un centro religioso musulmán, cuando, sin embargo, el islam no margina ni impide tomar decisiones a la mujer, eso es falso. Pero, ¿no extrañaría también, o incluso más, si fuera una mujer la que dirigiera un centro religioso cristiano?».
Con estos argumentos, explica que su nombramiento no es una noticia singular, si bien espera «que cunda el ejemplo» entre la comunidad musulmana en confiar más puestos directivos a las mujeres.
Tras elegirse a la nueva directiva del CCIV y a Amparo Sánchez como su presidenta, el centro seguirá «en la misma línea, la del acercamiento a la sociedad, porque los musulmanes no somos lo que creéis que somos», dice a SÍ paseando cada palabra.
«Ése es el mensaje que queremos hacer llegar para comenzar a mejorar la integración de los musulmanes, los extranjeros peor vistos», afirma.
Sobre la posibilidad de «darle la vuelta a esa percepción negativa», la actual cabeza del CCIV es optimista cuando dice: «Estoy segura de que conocernos será comprendernos». Pero, a su juicio, su palabra «no tiene credibilidad». «Aunque gaste mi voz diciendo que esto no es así, que es de otra manera, nunca bastaría para convencer a la gente. A mí no me creen, no soy yo quien debe decirlo», asegura. Por esta razón, además de faltarles los recursos necesarios, desde el CCIV reclaman «colaboración institucional y mediática para acabar con las mentiras».
«El mundo intelectual y las ONG nos escuchan, pero no el grueso de la sociedad», reitera. Para llegar a ella, considera claves los medios de comunicación.
«Las malas noticias son más noticia que lo cotidiano», se lamenta. «Todo eso dificulta la convivencia del día a día, por lo que hemos decidido centrarnos en trabajar con los medios a nivel local, autonómico, nacional e incluso internacional».
«Hay temas más importantes de los que hablar que sobre si yo soy una mujer, de la inmigración como arma electoral, o de un trozo de tela», dice en referencia al polémico uso del velo en lugares públicos. «El coste social es muy alto y, en el caso de la política, puede llegar a ser desastroso, venga del partido que venga», añade.
Sánchez aboga por un discurso «de convivencia, que nos una. Empezar a excluir al otro por ser extranjero sería el principio del fin, acabaríamos excluyéndonos todos por no ser de la familia, pongamos por caso».
Y lanza un mensaje a la sociedad en la que nació: «Abrid los ojos, vamos hacia una sociedad plural. Necesitamos a la inmigración para sobrevivir y, además, la pluralidad puede y deber ser enriquecedora y divertida».
Islam e integración
La actual presidenta del CCIV dejó el cristianismo y se convirtió al islam en 1996, «cuando era muy jovencita». «No lo busqué, tiene mala prensa», afirma. Pero tras un «largo proceso de acercamiento», lo eligió porque llenó su «vacío espiritual».
Después, conoció a su marido, Rachid, pero no se introdujo en el islam «a través del matrimonio, como se ha dicho», aclara. Según su criterio, «las religiones bien practicadas son un elemento integrador. El problema son las intransigencias, imponer creencias propias a otras personas».
«El islam es adaptable, y la pauta que marca a sus fieles es obedecer las leyes del país en el que vives, adaptarte a donde estás», dice Sánchez acerca de la voluntad de diálogo del colectivo musulmán. Además, en el Islam, «el servicio a los demás forma parte de nuestra práctica religiosa, por lo que estamos abiertos a todo el mundo».